Construir producto propio con IA me enseñó cuándo merece la pena hacerlo
Descubre por qué cambiar de estrategia también puede ser la mejor decisión para innovar con inteligencia artificial.
Hace unos dos años empezamos a desarrollar tecnología propia basada en inteligencia artificial en Xternus.
No partíamos de la idea de convertirnos en una empresa tecnológica. Queríamos resolver necesidades concretas de nuestra propia operativa y entender de primera mano qué podía aportar la IA cuando dejaba de ser una prueba o una herramienta aislada y empezaba a formar parte de procesos reales.
Empezamos con pequeñas herramientas internas. Después llegaron automatizaciones, agentes de voz y otras soluciones basadas en IA que fuimos incorporando a nuestro día a día.
Con el tiempo, ese aprendizaje nos llevó a desarrollar producto propio.
Y fue precisamente construyendo cuando empecé a hacerme una pregunta que hoy considero fundamental cuando hablamos de inteligencia artificial:
Tener capacidad para construir una solución propia con IA, ¿significa que merece la pena construirla?
La respuesta no siempre es sí.
Construir con IA me permitió entender cuestiones que desde fuera son difíciles de valorar.
Cómo funcionan realmente las APIs de OpenAI o Anthropic cuando una solución empieza a escalar. Qué ocurre cuando aumenta el volumen de uso y el consumo de tokens. Cómo evolucionan los costes. Qué dependencia generas respecto a los modelos sobre los que construyes. Qué ocurre cuando esos modelos cambian, mejoran o incorporan de forma nativa capacidades que antes requerían desarrollo propio.
También aprendimos qué implica integrar IA con otros sistemas, cómo gestionar los datos que intervienen en cada proceso, qué controles son necesarios cuando una respuesta generada por un modelo puede afectar a una decisión y cómo evaluar una solución cuyo comportamiento no siempre es tan predecible como el del software tradicional.
Cuando una prueba con IA pasa a formar parte de un proceso crítico de una empresa, las preguntas cambian.
Ya no basta con comprobar si funciona.
Hay que preguntarse si es fiable, si podemos medir su rendimiento, cuánto cuesta operar con ella, qué datos puede utilizar, qué supervisión necesita y cómo responderá cuando cambie la tecnología que hay debajo.
Todo ese recorrido nos dio algo que hoy considero especialmente valioso: criterio para tomar decisiones sobre IA.
Mientras trabajábamos en nuestros propios desarrollos, el ecosistema avanzaba además a una velocidad enorme. Los grandes proveedores incorporaban nuevas capacidades constantemente, aparecían nuevos modelos y algunas funcionalidades que requerían desarrollo podían quedar resueltas poco después desde el propio proveedor.
Cada vez resultaba más evidente que, en IA, tener capacidad para desarrollar una solución no significaba necesariamente que esa fuera la mejor forma de invertir nuestros recursos.
La pregunta dejó de ser:
¿Podemos construirlo?
Y pasó a ser:
¿Qué parte merece realmente la pena que construyamos nosotros?
Ese matiz cambia mucho la forma de abordar un proyecto de inteligencia artificial.
Hoy, cuando analizo una necesidad, parto del problema, no del modelo ni de la herramienta.
Primero intento entender qué está ocurriendo en la operación, qué resultado necesitamos conseguir y qué restricciones existen. Después evaluamos qué combinación tiene más sentido: desarrollar una capacidad propia, apoyarnos en modelos y soluciones existentes o construir una capa específica que integre diferentes tecnologías dentro del proceso.
La IA es el medio. El problema de negocio sigue siendo el punto de partida.
El criterio que utilizo hoy para decidir qué construir con IA
Después de estos dos años, hay cuatro preguntas que me parecen especialmente útiles.
1. ¿Dónde está realmente la diferenciación?
Si el valor está en un proceso propio, en conocimiento específico, en los datos, en la lógica de negocio o en una experiencia que ninguna solución estándar resuelve bien, puede tener sentido desarrollar una capa propia.
Pero si estamos intentando construir una capacidad que los grandes modelos ya ofrecen —o probablemente ofrecerán cada vez mejor—, debemos preguntarnos si ese desarrollo va a seguir siendo diferencial dentro de seis meses.
En IA, esta pregunta es especialmente importante porque la frontera entre lo que necesitas desarrollar y lo que un modelo puede resolver de forma nativa cambia constantemente.
2. ¿Qué necesitamos controlar y qué podemos delegar en un proveedor?
Construir una solución con IA no significa necesariamente construir toda la tecnología que hay detrás.
Podemos utilizar modelos de terceros y mantener el control sobre aquello que realmente importa para nuestro caso: los datos, las integraciones, las reglas de negocio, la experiencia, la supervisión o la forma en que la IA interviene dentro del proceso.
En determinados casos, seguridad, privacidad, propiedad intelectual, regulación o criticidad de la operación exigirán un mayor nivel de control.
La decisión importante es identificar qué capa necesitamos controlar realmente y en cuál tiene más sentido apoyarnos en tecnología especializada.
3. ¿Podemos mantener la solución al ritmo al que evoluciona la IA?
El coste real de construir una solución con inteligencia artificial no termina cuando la lanzas.
Empieza ahí.
Cambian los modelos. Cambian sus capacidades. Cambian los precios. Aparecen nuevas versiones. Evolucionan las APIs. Surgen nuevas exigencias de seguridad y regulación. Y una arquitectura que hoy parece óptima puede dejar de serlo mucho antes de lo que estamos acostumbrados en otros entornos tecnológicos.
Por eso, una de las preguntas más importantes no es si somos capaces de desarrollar una solución hoy.
Es si seguirá teniendo sentido mantenerla mañana.
4. ¿Dónde genera mayor retorno nuestro conocimiento?
Cada recurso que dedicamos a replicar una capacidad que un proveedor especializado puede desarrollar mejor y más rápido es un recurso que no dedicamos a aquello que sí conocemos mejor: el problema de negocio.
Ahí es donde creo que está una de las mayores oportunidades de la IA aplicada a empresas.
No necesariamente en construir modelos o herramientas desde cero, sino en saber cómo combinarlos, integrarlos en procesos reales, aportar el contexto adecuado y conseguir que generen un resultado medible.
Esa forma de pensar ha cambiado bastante cómo trabajo hoy con inteligencia artificial.
Seguimos construyendo cuando tiene sentido hacerlo.
Seguimos utilizando internamente muchas de las herramientas que hemos desarrollado porque nos permiten experimentar con nuevos modelos, probar capacidades, entender sus límites y mejorar nuestra propia operativa.
Pero ya no considero el desarrollo propio como el punto de partida.
Lo considero una de las posibles respuestas.
Y creo que ese es uno de los aprendizajes más importantes que me llevo de este recorrido.
Construir producto propio con IA no fue simplemente desarrollar una herramienta. Fue una forma de entender desde dentro una tecnología que evoluciona de manera especialmente rápida y que obliga a revisar continuamente las decisiones que tomamos sobre ella.
Hoy tenemos acceso a modelos cada vez más capaces y a un ecosistema de soluciones que evoluciona prácticamente cada semana.
Precisamente por eso, el reto empieza a ser otro:
saber qué merece la pena construir, qué merece la pena integrar y qué parte del valor debemos mantener realmente bajo nuestro control.
Ese es también el enfoque que estamos siguiendo en Xternus.
No partir de un modelo o una herramienta que queremos implantar, sino del problema que una empresa necesita resolver.
Y elegir después la combinación de IA, tecnología, procesos y personas que permita resolverlo de la forma más eficiente, segura y útil posible.
Porque innovar con inteligencia artificial no consiste necesariamente en construir más.
A veces consiste en tener el criterio para saber qué merece la pena construir y qué no.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
¿Cómo implementar una estrategia de inteligencia artificial en una empresa?
Antes de elegir herramientas, es recomendable identificar los procesos que generan mayor impacto en el negocio. Una estrategia de inteligencia artificial debe responder a objetivos concretos, priorizar casos de uso con retorno claro y definir cómo integrar la tecnología en la operativa diaria sin aumentar la complejidad.
¿Qué ventajas tiene integrar herramientas de IA existentes frente a desarrollar una propia?
Las soluciones ya consolidadas permiten acelerar la implantación, reducir costes de mantenimiento y beneficiarse de mejoras continuas realizadas por sus fabricantes. En muchos casos, integrar estas tecnologías resulta más eficiente que desarrollar un producto desde cero, especialmente para empresas cuyo negocio principal no es el software.
¿Cuándo tiene sentido desarrollar una solución de inteligencia artificial propia?
Puede ser una buena opción cuando la empresa necesita capacidades muy específicas que no existen en el mercado o cuando la tecnología forma parte de su propuesta de valor. En la mayoría de organizaciones, integrar herramientas existentes suele ofrecer un retorno más rápido y con menos riesgo.
¿Por qué la inteligencia artificial no consiste solo en utilizar ChatGPT?
La inteligencia artificial empresarial va mucho más allá de generar texto. También incluye automatización de procesos, análisis de datos, agentes inteligentes, asistentes de voz e integración entre aplicaciones. El verdadero valor aparece cuando estas capacidades se alinean con los objetivos del negocio y mejoran la eficiencia operativa.